Yo, mi padre y mi hermana teníamos tres yeguas,
dos de un amigo que sabia que los caballos están mal solos y por eso
las trajo, pero un día vino y le dijo a aita que se llevaba sus yeguas,
entonces aita compro una potrilla que no se dejaba tocar. Luego la
fuimos acostumbrando y ya se deja tocar.
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